Es la práctica de estimular puntos sobre los pies, manos, naríz y oreja (llamados zonas de reflejo), con un efecto benéfico sobre otras partes del cuerpo y la salud general. La forma más común es la reflexología del pie.
El reflexologo aplica presiones sobre el pie de una persona, el cuál está dividido en un cierto número de zonas reflejas correspondiendo a todas las partes del cuerpo.
El éxito del tratamiento depende de la habilidad con la que se lleva a cabo. El principio fundamental es reducir la tensión y facilitar el aflujo de sangre al área afectada.
La reflexología, según sus cultivadores, estimula además el flujo de energía fina, que revitaliza así todo el organismo.
Obviamente, la edad y las condiciones de la persona tratada influyen notablemente en la velocidad de curación. Si el trastorno es ya antiguo, la sustitución de células débiles y enfermas será un proceso gradual.
El masaje zonal resulta beneficioso para personas de todas las edades, desde el niño muy pequeño hasta el anciano. Para el primero será suficiente un ligero frotamiento de la planta del píe. Los niños de edad más avanzada requieren un masaje más ligero que los adultos.